Quizás pienses que conocer al dedillo cada tubo, plataforma o grapa de un andamio es solo cosa de los montadores profesionales o de los técnicos de prevención. Nada más lejos de la realidad. Si trabajas sobre un andamio, supervisas una obra donde se utilizan, o eres responsable de la seguridad en la empresa, comprender qué […]

Quizás pienses que conocer al dedillo cada tubo, plataforma o grapa de un andamio es solo cosa de los montadores profesionales o de los técnicos de prevención. Nada más lejos de la realidad. Si trabajas sobre un andamio, supervisas una obra donde se utilizan, o eres responsable de la seguridad en la empresa, comprender qué es cada pieza y para qué sirve es fundamental.
No es simple curiosidad técnica, es una cuestión clave que impacta directamente en la seguridad, la eficiencia y la profesionalidad de cualquier trabajo en altura.
Veamos por qué dedicar tiempo a familiarizarse con los componentes es una inversión inteligente y necesaria:
Ahora que ya tienes claro por qué conocer cada pieza es tan importante, vamos a meternos en faena. Nos centraremos primero en el «caballo de batalla» de las obras, el sistema más habitual que seguro has visto mil veces: el andamio tubular, también llamado de marco o europeo.
Es robusto, versátil y relativamente sencillo de montar si se conocen sus componentes. ¡Vamos a desmontarlo pieza a pieza (mentalmente, claro)!
Piensa en ellos como el esqueleto del andamio. Son esas piezas grandes, normalmente en forma de ‘H’ o de ‘U’, hechas de tubo de acero galvanizado para resistir la corrosión. Su función principal es soportar toda la carga vertical del andamio, incluyendo las plataformas, los materiales y a vosotros, los trabajadores. Son la base que permite al andamio ganar altura con seguridad. Verás que algunos marcos llevan una escalerilla incorporada para facilitar el acceso entre niveles.
Es la superficie horizontal donde realizarás el trabajo. ¡Tu suelo en las alturas! Pueden ser de distintos tipos: las más comunes son las metálicas (acero galvanizado o aluminio, más ligeras), que suelen tener una superficie perforada o embutida para mejorar el agarre y evitar acumulaciones de agua o nieve. También existen las mixtas, con una estructura metálica y una superficie de tablero de madera tratada (contrachapado fenólico) muy resistente. Es fundamental que tengan un sistema de bloqueo (unos ganchos o pestañas) para que no se muevan ni se levanten accidentalmente. Algunas llevan una trampilla abatible para permitir el acceso seguro desde escaleras interiores.
Imprescindibles. Son los tubos horizontales que rodean el perímetro de cada plataforma de trabajo. La normativa exige, como mínimo, dos líneas: una barandilla superior (aproximadamente a 1 metro de altura desde la plataforma) y una barandilla intermedia (a mitad de camino, sobre los 50 cm). Su única y vital misión es prevenir las caídas de personas al vacío. Fíjate bien en que estén siempre presentes en todos los lados expuestos al vacío y correctamente ancladas con sus pasadores. En el último nivel, se coloca una barandilla de coronación o remate.
Es esa pieza vertical, como un pequeño zócalo de unos 15 cm de altura mínima, que se coloca en el borde exterior de la plataforma de trabajo, justo por debajo de la barandilla intermedia. ¿Su función? Importantísima: evitar que herramientas, materiales pequeños, escombros o incluso tus propios pies puedan resbalar y caer desde la plataforma, protegiendo a quien esté debajo. Es otro elemento obligatorio por normativa.
Son esos tubos largos que verás colocados en diagonal, cruzándose en forma de ‘X’ entre varios marcos verticales. Su nombre técnico es «arriostramiento» y su función es crucial: dan rigidez y estabilidad a toda la estructura. Evitan que el andamio se deforme, se balancee o sufra movimientos laterales por el viento o las cargas de trabajo. Sin las diagonales correctamente colocadas (según especifique el plan de montaje), el andamio sería peligrosamente inestable.
Son las piezas que van justo debajo de los marcos verticales, en contacto con el suelo. Consisten en un tubo roscado con una placa base cuadrada. Su función es esencial: permiten regular la altura de cada pata del andamio de forma independiente, asegurando que toda la estructura quede perfectamente nivelada, incluso si el terreno tiene desniveles. Un buen nivelado es vital para que las cargas se transmitan correctamente a través de los marcos. Si el terreno es blando, debajo de la placa base se coloca un tablón llamado «durmiente» para repartir mejor el peso.
Estas solo las encontrarás en las torres móviles o andamios diseñados específicamente para poder moverse. Son ruedas robustas, pero lo más importante es que todas deben llevar un sistema de freno eficaz y fácil de accionar. Permiten desplazar la torre sin desmontarla, pero ¡ojo!, los frenos deben estar siempre bloqueados mientras se trabaja sobre el andamio. Además, la normativa limita la altura máxima de estos andamios móviles para garantizar su estabilidad.
Para subir y bajar de forma segura entre los distintos niveles del andamio. Pueden ser de varios tipos: algunas vienen integradas en los propios marcos (suelen ser casi verticales), otras son escaleras inclinadas independientes que se acoplan a la estructura (mucho más cómodas y seguras), o incluso pueden ser módulos de escalera específicos. Normalmente, el acceso a través de ellas se hace por una plataforma con trampilla para mantener la protección anticaídas cerrada mientras se trabaja.
Son los elementos que unen el andamio a la pared del edificio u otra estructura fija y resistente. No forman parte del andamio en sí, pero son vitales para su estabilidad. Un sistema de anclaje típico incluye un tubo que sale del andamio, una grapa que lo une a un cáncamo o espiga, y este último elemento que se introduce y fija firmemente en la fachada. Su función es impedir que el andamio se vuelque o se separe de la fachada por la acción del viento o de otras fuerzas horizontales. Su número, tipo y ubicación exacta deben estar definidos obligatoriamente en el plan de montaje y dependen de la altura del andamio, si está cubierto o no, etc.
A menudo olvidados, pero esenciales. Los pasadores son pequeñas piezas metálicas (clavijas, clips, bulones) que aseguran que las barandillas, diagonales o plataformas no se salgan de su sitio accidentalmente. Las grapas (que pueden ser fijas u orientables/giratorias) sirven para unir dos tubos entre sí, como en el caso de los anclajes o para montar refuerzos adicionales. Son elementos de unión y bloqueo pequeños, pero su correcta colocación es fundamental para la integridad y seguridad de todo el conjunto.
Aunque el andamio tubular es el rey, te encontrarás con otros sistemas que tienen piezas características. Conocerlas te dará una visión más completa:
Este sistema es como un «Lego» avanzado. Su pieza clave son los pies verticales, que en lugar de travesaños tienen unos discos metálicos con perforaciones (rosetas) soldados cada 50 cm aproximadamente. En estas rosetas encajan los cabezales especiales de las barras horizontales y las diagonales, permitiendo conectar elementos en múltiples direcciones (de ahí su nombre) y adaptarse a formas geométricas muy complejas. Es ideal para industria, espectáculos o fachadas irregulares.
Aquí la estructura es totalmente diferente. No se apoya en el suelo, sino que cuelga. Sus partes clave son el sistema de suspensión en la cubierta (llamados pescantes o vigas móviles), los cables de acero que bajan desde ellos, los aparatos elevadores (que pueden ser manuales o eléctricos y van en la plataforma) y la propia plataforma o cesta donde van los trabajadores.
Es el más sencillo, para trabajos a poca altura. Sus partes son básicamente dos o más borriquetas o caballetes (normalmente metálicos y con altura regulable) y los tablones o plataformas (de madera o metálicas) que se colocan encima para crear la superficie de trabajo.
Como has podido comprobar, un andamio no es solo un montón de tubos. Es un sistema complejo donde cada pieza tiene una función específica e interconectada, especialmente en lo que respecta a la seguridad. Las barandillas y rodapiés te protegen de caídas y de la caída de objetos. Las diagonales y anclajes aseguran que la estructura sea estable y no se venga abajo. Los husillos garantizan un buen apoyo. Los pasadores y grapas aseguran que todo permanezca unido. El fallo o la ausencia de un solo componente puede comprometer la seguridad de todo el conjunto.
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